“ASÍ LO VIVÍ, ASÍ LO DISFRUTÉ Y HASTA LO CANTÉ”

Crónica escrita por Igor Iván Pérez Úbeda para purosilvio.com el 6 de marzo de 2016

Fotografías: Gina Tous

 

La Sala, 03/03/2016cartel-aniversario-web

Caminaba por Eduardo Dato, calle ruidosa, típica de la Sevilla menos típica, cuando en una pared empapelada de viejos y nuevos carteles, superpuestos en el tiempo y el espacio, distinguí uno que brilló con luz propia por su sencillez.

Era un afiche en blanco y negro, de modesto pero elegante diseño, que aparecía medio tapado por unos papelotes amarillos de cierta empresa de seguridad privada que anunciaba sus favores. Pero por causa o por azar, algo en aquel trozo de papel llamó mi atención.
Era la inconfundible silueta de Silvio Rodríguez. Su cabeza alzada, mostrando esas pronunciadas entradas, y la mano derecha tapando el correspondiente oído para captar de la caja de resonancia de su cabeza los mejores sonidos de sus versos. Mi primera impresión fue que se trataba del cartel promocional de su actual gira española, pero al instante descubrí que no, que era algo más particular. Era un homenaje. El especial tributo de dos audaces admiradores y promotores de la obra del maestro trovador (lo pude ver cuando arranqué de encima los papelotes amarillos de la empresa de seguridad): Joaquín Calderón a la guitarra y Antonio Amuedo al micrófono. Concierto Especial III Aniversario de Puro Silvio. Proyecto de estudio, difusión y desarrollo de la obra de Silvio Rodríguez.

Como admirador de la trova cubana y en especial de Silvio no me lo pensé dos veces y allá me fui porque, por cosas de la vida y otra cuestiones, el concierto era esa misma noche (jueves 3 de marzo). Tenía el tiempo justo de pegarme una ducha y acercarme a “La Sala”, en la Plaza del Pumarejo, esta vez sí entre calles típicas de la Sevilla más típica, muy cerca del Arco de La Macarena. La cita era a las 21:30 y un cuarto de hora antes ya estaba yo allí con mi cerveza y cierta curiosidad por ver cómo afrontaban Joaquín y Antonio el reto de interpretar a Silvio.

Finalmente, con la característica puntualidad sevillana, es decir 30 minutos tarde, comenzó el espectáculo. Lo hizo con la proyección de un vídeo que repasaba la larga trayectoria artística de Silvio, tan larga que el propio montaje se nos hizo también un poco largo a los presentes, que lo que en realidad estábamos esperando era que los acordes empezaran a sonar en La Sala. Por cierto, el local finalmente se llenó y ofreció muy buena acústica durante todo el espectáculo.

Puro Silvio es riguroso con su planteamiento. De principio a fin sonaron únicamente canciones del trovador cubano, repasando casi todas sus etapas. Empezaron con Imagínate, quizá para abrir boca delicadamente, del disco Rabo de Nube (1980), un tema suave, perfecto para romper el hielo sin estridencias. De ahí en adelante Joaquín y Antonio fueron saltando por la amplia discografía del de San Antonio de los Baños. Desde canciones como Y nada más (1966), de un Silvio veinteañero, a temas más experimentales, de la etapa intermedia del trovador, como Quién Fuera (1992) o la enigmática Casiopea (1994). Tal vez se echaron de menos composiciones de sus últimos discos, como Cita con Ángeles (2003), Segunda Cita (2010) o, si ya nos ponemos atrevidos, de Amoríos (2015). En todo caso el menú fue muy variado y no faltaron clásicos como Te doy una canción, Canción del elegido, Unicornio o La maza. Aunque desde mi punto de vista lo mejor fue el atrevimiento de Joaquín y Antonio con temas menos populares del tipo Ando como hormiguita, Flores Nocturnas o La guitarra del joven soldado.

Mención especial requiere la propuesta de Puro Silvio de interactuar con el público, ofreciéndole a los valientes la posibilidad de subir al escenario y hacer su especial interpretación del trovador cubano o, en su defecto, de participar en el cierre del espectáculo con un Ojalá coral en el que nadie se resiste a la tentación de acabar gritando con toda el alma “ojalá que no pueda tocarte ni en canciones”.

Interpretar a Silvio es una labor difícil, que requiere humildad y osadía a partes iguales. Creo que entre Joaquín Calderón y Antonio Amuedo consiguen el objetivo. Se nota en ellos la pasión y, sobre todo, las horas de estudio y ensayo. Antonio, con su timbre tan parecido al del cubano, hace de “Silvio”; y Joaquín, con su rigurosa y limpia ejecución de la guitarra, ejerce de “Rodríguez”. Impresiona la fidelidad del guitarrista a los arreglos originales del autor y es de admirar la pasión que derrocha Antonio para sortear las dificultades técnicas que exige la interpretación vocal de Silvio.

Como ellos mismos dicen, apenas empiezan a acercarse a la ingente obra del genio cubano. Sin duda el trecho que les queda es largo, pero lo ya andado es de mucho mérito y el público lo notó y lo agradeció el pasado jueves 3 de marzo en ese Concierto Especial III Aniversario de Puro Silvio al que por causa o por azar tuve el privilegio de asistir. Y en el que incluso canté.

Atentos, que repetirán. ¡Lo recomiendo!

 



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